La transformación industrial ya no se mide únicamente en términos de productividad, sino también en eficiencia energética, sostenibilidad y resiliencia operativa.
Un ejemplo claro lo encontramos en Rohm, compañía japonesa que está reforzando su posición estratégica en el desarrollo de soluciones de potencia y componentes analógicos diseñados para reducir el consumo energético en fábricas inteligentes y vehículos eléctricos, mejorar la precisión y fiabilidad de los sistemas automatizados y facilitar la integración de nuevas tecnologías en la cadena de valor industrial.
La electrificación y la automatización son más que innovaciones: representan palancas estratégicas para que las empresas industriales puedan adaptarse a un entorno cada vez más exigente, marcado por la transición energética, la digitalización y la presión competitiva global.
En este contexto, las organizaciones que sepan incorporar estas tecnologías de manera ágil no solo ganarán eficiencia, sino que estarán mejor posicionadas para cumplir con los objetivos de sostenibilidad y competitividad internacional.